El discernimiento vocacional

 

El discernimiento es el hilo conductor de toda la pastoral vocacional, pues para que el hombre pueda dar respuesta, tiene que aclarar, desentrañar, discernir en su interioridad cuál es la llamada del Padre, qué respuesta le está sugiriendo Jesucristo, y a qué servicios en la comunidad le está moviendo el Espíritu Santo.

El discernimiento es un proceso interior mediante el cual la persona analiza y valora situaciones, caminos y fines, en orden a tomar una opción. Este discernimiento se va realizando con apertura a la acción del Espíritu Santo.

Para un auténtico discernimiento en la fe, el hombre necesariamente debe tener como criterio y modelo a Jesucristo.

Se ha de llegar a un encuentro con la Palabra para hacer una opción de fe.

Dicha opción se hace efectiva en la elección de un proyecto específico como el sacerdocio, la vida consagrada o el laicado.

El discernimiento nunca termina, pues la acción de Dios seguirá presente en cada momento del caminar del creyente, el cual ha de enfrentarse continuamente a los desafíos que el mundo le impone según el estilo de vida elegido.

¿Qué implica el discernimiento?

Implica tener una capacidad de decisión, provocada por la Palabra y la persona de Jesús. Una decisión que supone una ruptura con lo que se era o se hacía antes del encuentro con Cristo.
Implica una actitud constante de conversión, que facilita el aceptarse como uno es, para realizarse en el único proyecto que le puede dar realmente la felicidad.

Implica un testimonio personal de la propia experiencia del encuentro con Cristo que se tiene a lo largo del penoso camino de búsqueda, con la alegría de manifestar el fruto de la vocación descubierta y reencontrada.

Criterios del discernimiento:Apertura al misterio: es vencer la tentación de creer que se han agotado todas las posibilidades de seguir descubriéndose.
Abrirse a la esperanza de nuevos retos vividos en la fe, en la disponibilidad y confianza. No desesperar ante lo negativo.

Familiarizarse con el misterio de la vida y su historia, como lugares del descubrimiento de los signos de Dios.

La gratitud, que nace del descubrimiento de una elección no merecida ni ganada, sino donada por Dios en su amorosa predilección.

Un proyecto que relaciona el pasado con el presente y lo llena de riquezas: Es importante la reconciliación con su pasado, ya que siempre existe lo inevitable negativo que forman parte de la propia vida juntamente con lo positivo.

Interpretación de su propia vida donde la gracia supera la queja y, la capacidad de dar a la de recibir.

Re-apropiarse la vida, en una actitud activa y creativa para dar de sí todo lo que se es y se tiene.

La docilidad vocacional: Libertad de dejarse guiar por un hermano mayor, con actitud de aprender y saber cambiar.

Condición de ser joven, con las virtudes y vulnerabilidad típicas de esta etapa de la vida, con la voluntad de dar el máximo de sí, capaz de socializar y de apreciar la belleza de la vida.

La madurez vocacional: Es decidida por un elemento esencial: el acto de fe, pues la auténtica opción vocacional es aquella en que se muestran los efectos de una adhesión creyente a Cristo.

 

Agentes del discernimiento Vocacional

Ante todo el Espíritu Santo: Él es quien da el dinamismo interior para llevar a cabo este proceso de seguimiento de Cristo.

El mismo sujeto: La fuerza del Espíritu Santo opera en y a través de la persona humana potenciándola hacia el objetivo de su formación integral.

La comunidad eclesial: Toda vocación se da a favor de la comunidad, por ello, el obispo, es responsable de la promoción, acompañamiento y maduración de las vocaciones.

CONCLUSIÓN

El Papa Juan Pablo II, invita a los jóvenes a no tener miedo de los constantes ataques y a dar un testimonio más firme de Jesucristo. Los invita a tener un proyecto de vida que, generalmente, se elabora durante la juventud. Este proyecto ha de tenerse como resultado de una fuerte relación de escucha de la palabra de Dios en actitud de apertura a su plan salvífico. Supone además un atractivo corazón joven. Invita el Papa al joven a mantener esta pregunta ¿Qué me queda aún...?

Una persona joven que se plantea diversas cuestiones, quien entra en sí misma, y quien hace del encuentro con el Señor un estilo de vida mediante la oración de intimidad, logra, sin duda, el discernimiento que le de los elementos que se requieren para dicha invitación. No ha de olvidarse ni hacer a un lado su realidad y su constante invitación a descubrir en dichas realidades el plan de Dios, en mira a salvar a todos los hombres. Dios llama desde un modo concreto de vida a otro totalmente nuevo y pleno, que tiene su realización última en la capacidad de entrega generosa, guiados por la asistencia de Dios.